ITALIANOS EN LAS OBRAS DE CONSTRUCCIÓN DE LAS EMPRESAS ITALIANA EN EL EXTRANJERO.

Aspectos positivos y negativos de la vida y del trabajo en las obras italianas en el extranjero de los años ’80

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Villa LA TRAMPA - Uribante - Venezuela

            Esta no es una historia como las otras en las que el narrador es el protagonista, este es un análisis subjetivo desencantado de ese mundo, en mi opinión, poco idílico de nuestras obras al extranjero.

        Este análisis breve y simple se refiere al período anterior al 1991, año en que regresé a Italia después de más de 10 años de trabajar en el extranjero.

        Este análisis breve y simple se refiere al período anterior al 1991, año en que regresé a Italia después de más de 10 años de trabajar en el extranjero.

            Desde entonces no me interesé más en obras de construcción y en consecuencia estas consideraciones, además de ser estrictamente subjetivas, aunque respaldadas por la investigación y el análisis sistemático llevado a cabo en diferentes lugares, también podrían ser algo obsoletas y desactualizadas.

         Sin embargo, desde el comienzo de la vida en las obras (1979) me dediqué a estudiar y analizar los problemas en cuestión, estableciendo una evaluación básica inicial, que se desarrolló en los años posteriores y en diferentes contextos.

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01. VIDA SOCIAL.

        Afirmo que la villa de un sitio de construcción está estructurada con todo lo necesario para permitir a su gente vivir sin problemas de ningún tipo. Hermosas casas completamente amuebladas y equipadas, supermercados, cines, club, restaurantes, escuelas italianas, bancos, oficina de correos, hospital, parques infantiles, automóviles incluidos, etc. Más o menos en función de las diferentes obras de construcción. Muchas cosas buenas. No falta nada.

        Sin embargo, es el factor humano (siempre refiriéndome exclusivamente al personal expatriado) el punto crucial de la cuestión.

     La vida social en la obra, más allá de las apariencias, las formalidades y convenciones, era particularmente estéril y superficial, y con una fuerte tendencia a la formación de clanes.

        Estos grupos cerrados tenían los más diversos orígenes: lugar de procedencia, obras anteriores, nivel social, parentesco, amistades, área de trabajo, etc.

       Había mucha dificultad para comunicarse y para establecer buenas relaciones interpersonales , desinteresadas y entre grupos organizados.

         Además de todo esto, era evidente el individualismo y la indiferencia hacia los  demás, con excepción de una constante y manifiesta búsqueda de la amistad de jefes y de con quienes en el astillero se podía contar. En este sentido, han surgido casos patéticos de chupa medias.

            La solidaridad, por lo tanto, era uno de los últimos pensamientos.

            Pero lo que siempre vi mal es la escasa inserción de la mayoría de los italianos en el contexto del país que nos acogía y, en consecuencia, las relaciones sociales con el exterior (la población local) eran muy escasas. Esto en medida variable según los distintos países en que se operaba.

           Respecto al personal local, sobre todo si eran calificados, se translucía siempre una sensación de proclamada superioridad, que se manifestaba a veces también en actitudes de desprecio y de racismo hacia sus propios paisanos.

      A menudo se han dado casos de discriminación contra las esposas de los expatriados originarias de países asiáticos, africanos o sudamericanos. En nuestras obras eran y son (sin duda mucho más en aquellas épocas) una realidad indiscutible, Algunas esposas han contribuido no poco a estas vergonzosas actitudes,  a pesar de muchas hipócritas desmentidas, a las que personalmente he asistido.      Los expatriados, también tomando en cuenta el hecho de que la obra era vista como algo muy temporal, generalmente no tenían sensibilidad y atención para el país de acogida, pero aún más trágico era advertir además mucha indiferencia hacia los problemas italianos. Empatía cero.

         En la obra, aunque fuere una pequeña comunidad, no había verdadera armonía, sentido cívico y comunitario. Hacían en parte, pero sólo en parte, excepción las relaciones dentro de los grupos.

            Los niños y los adolescentes, sufriendo la influencia de los adultos y viviendo en un contexto particular, a menudo se dividían en grupos, naturalmente no tan rígidos como los de los adultos. A esto se sumaban todas las cuestiones más o menos significativas relativas a la escuela de las obras.

       La mayoría de las esposas, las que no trabajaban, sufrían aún más por estas situaciones, también porque se veían obligadas a pasar la mayor parte de su tiempo en sus casas de la villa de la obra. Esto no hacía más que aumentar sus frustraciones e insatisfacciones, motivo de elaboración de nuevos grupos o modificación de los existentes. Puede parecer extraño, pero sus comportamientos condicionaban bastante la vida de las obras.

            No todas las obras son iguales y no en todas las obras estas problemáticas son tan extremas. Buena parte de las situaciones son influidas positivamente o negativamente por la política del management de las obras y de la calidad y personalidad de los encargados, no siempre a la altura de la función.

         Ahora quiero desmentir un hecho: ¿Éramos personas inmigrantes verdaderamente? ¡En absoluto no! Nosotros nos fuimos a trabajar y vivir en un país extranjero (generalmente mucho menos desarrollado que el nuestro) no estábamos obligados a interactuar en aquellos medios sólo con las propias fuerzas (como los verdaderos inmigrantes). Nosotros, al parecer, vivíamos con los demás, pero aislados en medio de otros, y protegidos y apoyados en todo por las empresas para las que se trabajaba.

            Ahora hago otras puntualizaciones relativas a la vida en las obras de construcción.

·         En las villas de las obras sólo viven las personas (a menudo con sus familiares) de cada nivel jerárquico y social, pero todos empleados de la misma empresa o de varias empresas dedicadas a la construcción de una determinada obra.

·        Las fricciones, las tensiones, los conflictos y el progreso de carrera, comunes en el mundo del trabajo, aquí generalmente se exacerban. Estos factores negativos repercuten y se reflejan en consecuencia e inmediatamente sobre la vida de las villas.

·     El hecho de tener que vivir prácticamente codo con codo, sin lugar a dudas dificulta la posibilidad de poder vivir en plena autonomía, serenidad y libertad. Todo está condicionado por las personas y por la política de la empresa, no siempre iluminada. 

·   Sin duda un expatriado no debía pensar en nada, de todo se ocupaba la empresa. Y como podía ser de otra manera?

·     La empresa, para efectuar determinadas obras en terceros países, logrando generalmente altos márgenes, no podía hacer otra cosa que ofrecer las estructuras y aquellos servicios que todos nosotros conocemos. Nada más. Por encima de todo y todos estaba  y está la lógica absoluta de las ganancias.

·       En los sitios extranjeros no nos fue ofrecido absolutamente nada a título gratuito, pero cada cosa tenía su propia contrapartida y raramente esta era a favor de los expatriados, aunque aparentemente podía parecer que lo fuera.

·        Allí se vivía en una realidad artificial, fuera de los esquemas de vida de la casi totalidad de los seres humanos.

·    La escuela de las obras, entonces, estaba directamente relacionada con la política del management y por lo tanto con la calidad de los servicios ofrecidos a los expatriados y en consecuencia con el nivel de los profesores.  

·       Algunas particulares obras en las que he trabajado y vivido, disponían de una excelente escuela italiana gestionada por una decana particularmente válida y activa y un buen cuerpo docente.   Pero no era así en todas partes.

·   Yo he conocido unos profesores que con esfuerzo y dedicación llevaban adelante muy bien su tarea en contextos tampoco precisamente óptimos.

 

02. TRABAJO.

         Contrariamente a lo que se puede pensar y lo que muchos quieran decir, el nivel profesional y cultural de los expatriados no era particularmente elevado, salvo un número significativo de excepciones que no hacen más que confirmar la regla.

       Sin embargo, la deficiencia mayor estaba en el sentido social, el altruismo y la modestia. No faltaba una buena dosis de racismo o por lo menos una marcada intolerancia hacia la población local.

    El hilo conductor de todo era un acentuado individualismo con frecuentes manifestaciones de pseudo-psicosis obsesiva de arribismo y de superioridad, así como el interés exasperado de hacer dinero de la manera más veloz posible.

            Para muchos era válido el principio de subir en el escalafón a pesar de sus niveles de incompetencia. Y esto era muy grave porque condicionaba negativamente el trabajo y las actitudes de los demás. Cito el ejemplo (pero habrían muchos otros) de un gerente, que en una posición anterior era considerado un buen colaborador; pasado a una posición superior rápidamente se demostró inadecuado para la nueva posición; sin ninguna capacidad para tratar con honestidad a la gente, maleducado, individualista, egocéntrico exasperante, megalómano y arribista, creaba más problemas de los que resolvía. Elemento muy negativo.

            Pero por suerte, el trabajo en estas estructuras extranjeras, no era sólo eso. En los países extranjeros la sede italiana de la sociedad estaba lejos, muy lejos. Aquí se aprendía a ser absolutamente autónomos y responsables, a tomar las decisiones consideradas más apropiadas de manera rápida, a organizarse y a organizar, a gestionar las situaciones más diversas y la fuerza de trabajo más heterogénea, etc.

          Cambiando a menudo el contexto de trabajo había que adaptarse rápidamente a las nuevas situaciones y por lo tanto cada vez que se cambiaba obra y país era necesario tener siempre el entusiasmo, la voluntad y la capacidad de reiniciar todo de nuevo.

          Es precisamente este último factor el que siempre me ha estimulado mucho. Allí uno se acostumbra a abordar más temas y problemas simultáneamente. Aquellos no eran lugares para los holgazanes y / o derrochadores de tiempo. Allí las miras no eran llegar al final del turno: allí se trabajaba en promedio 10/12 horas al día.

            Es un hecho que los expatriados, (todos, digo todos, y no sólo los vértices de las obras con sueldos a menudo exagerados y con muchísimos beneficios), junto al personal local con su profesionalidad, su compromiso, sus sacrificios y su trabajo han contribuido a la construcción de grandes obras, permitiendo así a nuestras empresas alcanzar altos márgenes y prestigio mundial.

 

        De los múltiples contactos que he tenido con el personal y por una serie de profundos y sistemáticos análisis en distintas obras, he podido poner de relieve las siguientes razones que han llevado a la gente a seguir este camino de trabajo en las obras italianas en el exterior de Italia:

  • En Italia no tenían trabajo o tenían trabajos insatisfactorios y/o precarios;
  • Bajas calificaciones en el propio país con la perspectiva de una mejora sustancial en el extranjero;
  • Aunque siendo ya calificados, deseaban realizar un decisivo salto de calidad;
  • Aun teniendo un trabajo habían contraído compromisos financieros imposibles de cumplir con los salarios y los sueldos italianos;
  • tenían el propósito de ganar dinero a fin de tener la casa propia
  • Por cualquier otra razón hacer dinero,  lo más posible y en breve tiempo;
  • Por conflictos de carácter personal;
  • Aversión a la realidad italiana;
  • Deseos de evasión, de cambios y de un poco de aventura;

 

            Naturalmente, con el paso de los años, empieza a llegar la dificultad material y psicológica a reintegrarse en el mundo del trabajo y de la vida en Italia, mientras más se demoraban en las obras en el exterior, más aumentaba el espiral de perturbación. De estos casos he conocido y conozco bastantes.

 

03. POLÍTICA DEL PERSONAL.

            La política del personal debería ser única y homogénea. Es contraproducente la gestión personalizada de cada obra. La dirección del personal de la Sede Central debería dictar a las obras de construcción la política a seguir (lo que en realidad no ocurría).

            En la gestión del personal siempre se deben tener en cuenta las motivaciones de los empleados, los problemas humanos y psicológicos que a menudo son la base de ciertas situaciones conflictivas. Y la obra, dada su particular ubicación, configuración, estructuración y composición, tiene inherente una serie muy compleja de problemáticas que no pueden, sin duda, ser abordadas con superficialidad e indiferencia, cuando no deliberadamente ignoradas.

            Es necesario, por el contrario tender a la optimización del per-sonal si se quiere obtener una mayor eficiencia.

            Es necesario, luego, evitar que muchos jefes con peligrosas improvisa-ciones e interferencias tomen la iniciativa en tareas y responsabili-dades que no les competen y sobre todo para las cuales no están preparados.

     Otro factor que debería ser normalizado es la delegación del trabajo. Lamentablemente, sin embargo, muchos creen que delegar significa perder poder, cuando en realidad es precisamente lo contrario.

 

04. Por qué me fui a trabajar en el extranjero

            Las razones de mi transferencia a una obra extranjera, abandonando en Italia un trabajo seguro y muy bien calificado (responsable del personal y de la organización ante una de las primeras fábricas de papel italianas) las puedo resumir como sigue:

  • En ese tiempo, fin de los años 70, se hablaba mucho de la internacionalización del propio currículum;
  • Yo tenía un amigo que trabajaba con una empresa italiana que me había hablado muy bien del trabajo y de la vida en las obras exteriores;
  • Posibilidad de hacer otras profundas e importantes experiencias laborales, aunque, como en el caso de un jefe de personal, en detrimento de la profesionalidad adquirida en Italia respecto a la parte normativa, con el riesgo de que para dicha posición esta experiencia extranjera pudiera convertirse en un “hándicap” para una reinserción en Italia profesionalmente válida. Mientras hubiera salida segura, la componente relativa a la organización y a la gestión de recursos humanos, era una ventaja.
  • Oportunidades de poder vivir en un contexto más simple y menos estresante que la vida en  Italia; sin la fantasía o quimera  de vivir segregados en una situación perturbada del mundo exterior;
  • Satisfacer un sentido innato de la búsqueda del nuevo horizonte, enriqueciéndome yo al mismo tiempo, junto con mi familia con nuevos conocimientos y nuevas experiencias humanas, culturales y existenciales;
  • Posibilidad de acumular en un tiempo relativamente corto un pequeño capital con el fin de crear un fondo de seguridad, cosa que en Italia era casi imposible, a pesar de una más que satisfactoria posición laboral y salarial.

 

05 - Como yo personalmente he vivido las realidades de las obras extranjeras.

            Yo, personalmente, la vida fuera del trabajo la he casi siempre vivido más allá del recinto protector de la villa. Las satisfacciones mayores las he tenido buscando, dentro del límite de lo posible, la integración en el país en que estábamos trabajando, frecuentando las personas y con excursiones y viajes para descubrir mediante la gente la esencia de esos países. Estas son también las razones por las cuales a menudo he tenido más amistades entre los locales y muy pocas entre los expatriados.

            Más allá de las problemáticas, nosotros hemos vivido bien las distintas realidades extranjeras por una serie de razones, tales como:

  • mi bastante destacada relación con los expatriados,
  • Mi manifiesta absoluta no sumisión con el poder de la obra
  • El considerar a las personas de la misma manera en todo y para todo, independientemente de su nivel social, cultural y profesional,
  • La buena integración en el país de acogida incluidas las múltiples amistades con la población local.

         Cuando ya no podía aceptar esta realidad, pronto decidía de ser transferido, no reservándome ni siquiera una palabra dicha en mal modo a “quién correspondiera “.

      Es cierto fui muchas veces criticado y considerado un poco maleducado, y irreverente, pero había bastante mierda alrededor.

            Por otro lado el grupo de los expatriados, presente en las obras representaba una muestra suficientemente significativa de nuestra bella Italia, con la variante que allí los aspectos negativos estaban acentuados y a veces también exacerbados por toda una serie de motivaciones que han sido tratadas con anterioridad.

 

06 - Conclusiónes

            Todo lo anteriormente expuesto, donde las evaluaciones tienen a menudo un juicio no precisamente positivo, no es en absoluto contrario a la creación del grupo en Facebook

ITALIANOS Y NO EN LAS OBRAS DE EMPRESAS ITALIANAS EN EL MUNDO

https://www.facebook.com/groups/176889618357/

 

Esos años transcurridos en el exterior, a pesar de todo, han tenido un especial significado en mi vida, tanto en el aspecto profesional como humano.

            De hecho este grupo tiene el objetivo de recoger contribuciones documentales, en relación con la experiencia de quien ha trabajado o vivido y de quien todavía trabaja o vive en las obras de empresas constructoras italianas en todo el mundo.

            De ser un espacio libre, sin vínculos o formalismos, sin distinción de raza, edad, trabajo o estado social.

            Una plaza virtual donde pueden reencontrarse ò conocerse y reunirse amigos y colegas. Un lugar donde poder contar y comparar experiencias.

         Entre las motivaciones que estaban en la base de la apertura del grupo buscábamos y buscamos la interacción con los trabajadores extranjeros y locales de las empresas italianas en el extranjero.

 

            La internacionalidad del grupo ofrece también a los no italianos la oportunidad de poder hablar, evaluar, juzgar positiva y/ò negativamente la vida y el trabajo en nuestras obras en todo el mundo.

03.08.2014

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06.08.2014

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